Del altar al micrófono: el viaje de Carlos Ben-Kei Chin Díaz

 



Carlos Ben-Kei Chin Díaz es comunicador, periodista y exmonaguillo. Con raíces chinas, una formación religiosa profunda y una trayectoria marcada por la denuncia social, ha hecho de la comunicación su vocación. Esta es una mirada a su vida, sus luchas internas y su compromiso ético con el periodismo.

 

Mi nombre y ascendencia

12 onzas fue el café elegido por Ben-Kei para la entrevista, un lugar en Cuatro Grados Norte, bastante agradable y con un personal muy ameno. Es martes. La tarde, como todas en el último mes, es nublada, fría y con amenaza de lluvia.
Ben-Kei ordena un capuchino e iniciamos una charla que se extendería por varias horas.

—Mi nombre lo decidió mi abuelo. Se supone que está en cantonés y que significa “árbol frondoso”, aunque he buscado y parece que el nombre no existe. A diferencia del de mi hermana, que se llama Su Yin, que significa “nube veloz”, y ese sí lo pudimos confirmar.

El apellido real de Ben-Kei debiese ser Lin —que significa “bosque”— y no Chin, lo que haría que su nombre, traducido al español, significara “bosque de árbol frondoso”.

El abuelo de Ben-Kei —a quien no pudo conocer— fue uno de los muchos hombres asiáticos que se vieron en la necesidad de migrar desde China para buscar trabajo en América. En aquel tiempo, los inmigrantes asiáticos buscaban oportunidades principalmente en San Francisco (EE.UU.), el Canal de Panamá o Perú.

Ben-Kei explica que el destino al que se podía llegar dependía de la capacidad de pago: San Francisco era más caro que Panamá, y aún más barato era quedarse en algún puerto y trasladarse por tierra al destino final. Fue así como su abuelo se quedó en San Marcos, Guatemala.



En 2024, tras obtener una beca de cinco meses para estudiar en China, Ben-Kei tuvo la oportunidad de localizar y reconectar con parte de su familia original, aunque aclara que el proceso fue complejo y requirió la ayuda del gobierno chino.

Intentó obtener la nacionalidad china, pero el proceso implicaba renunciar a su ciudadanía guatemalteca sin garantía de que China otorgara la nueva documentación.

Niño consentido

Con una leve nostalgia reflejada en su mirada, Ben-Kei recuerda que su infancia fue buena. Nació y creció en la Ciudad de Guatemala. Acepta, sin embargo, que fue un niño consentido, lo cual —según él— lo convirtió en alguien desordenado y, hasta cierto punto, irresponsable.

—Era tan consentido que mi mamá cuenta que, cuando tenía tres años, los despertaba a las tres de la madrugada por una Pepsi en vidrio. Si no era en vidrio, y si no era Pepsi, hacía berrinche. Recuerdo que no me gustaba ir a la escuela y me consintieron al punto de que no cursé la preprimaria. Entré directamente a primaria.

El equilibrio lo encontró en casa de su abuela o en la de su tío, un oficial del ejército, donde sus berrinches no tenían ningún efecto.

Durante la adolescencia, “El Bencho” —como lo llaman sus más cercanos— empezó a notar que sentía atracción por personas de su mismo sexo. En un inicio, lo atribuyó al hecho de estudiar en un colegio exclusivo para varones, por lo que decidió, de forma impulsiva —según sus propias palabras—, buscar un lugar distinto para terminar sus estudios. Así fue como estudió la carrera de perito contador, profesión que nunca ejerció.



Con el tiempo, entendió que su orientación sexual no estaba relacionada con la falta de interacción con mujeres.

El llamado al sacerdocio

Criado en una familia conservadora y educado en un colegio católico, “Bencho” sintió desde temprana edad el deseo de servir a Dios. Aspiraba a ordenarse como sacerdote. Su primer acercamiento ocurrió cuando pasó a formar parte de “Los Seis”, un grupo de monaguillos que servían en la Catedral Metropolitana. Parte del sueño sacerdotal nació de su gusto por la teología, la cual estudió durante dos años en la Universidad Mesoamericana.

—Hasta cierto punto, mi mamá influyó en que no concluyera mis estudios para ser sacerdote. Ella no quería que me fuera, y yo cedí. Así fue como terminé estudiando comunicación.

La locución llegó a su vida precisamente porque era una persona muy introvertida y tímida para hablar —algo difícil de creer hoy en día. Mientras estudiaba locución, su carga académica era intensa: teología los fines de semana, clases de italiano algunas mañanas, auditoría en la Escuela de Ciencias Económicas de la USAC y, por las noches, locución en la Escuela de Ciencias de la Comunicación, también en la USAC.

—Llegar a la Escuela de Comunicación fue como llegar a un lugar de perdición. Yo parecía un curita: pantalones de tela cortos, zapatos tipo mocasín bien lustrados, suetercito y un maletín para mis cuadernos. Me topé con metaleros, hippies… Se hablaba abiertamente de sexualidad, algo que para mí no era normal. Fue allí donde me eché mi primer guaro.

Encontró entonces en la comunicación un espacio donde se sentía cómodo, lo que lo llevó a abandonar sus estudios de auditoría, reconociendo que no era una profesión que pensaba ejercer. Lo que no imaginaba era que la locución lo conduciría al mundo de la radio y, posteriormente, a la televisión.

Inicios como comunicador y periodista

Sus primeros pasos en los medios se dieron a través de las prácticas requeridas tras completar el técnico universitario, siendo asignado a la cabina de Radio Universidad.

—No me gustaba la cabina, pero tenía que hacerlo. No era periodista, era locutor, y eso era lo que nos tocaba hacer.

Cubrir el Organismo Ejecutivo fue su primer gran reto. Ocurrió cuando la directora de Radio Universidad notó que no había quien cubriera esa fuente. Sin formación en periodismo, pero con disposición, Ben-Kei asumió la tarea.

Trabajar en un medio poco conocido, con una línea editorial socialista —propia de la USAC—, y sin dominar completamente los temas a cubrir, lo obligó a aprender rápidamente. Se codeó con periodistas reconocidos y enfrentó el reto de darle voz a temas poco usuales dentro del Ejecutivo. Eso, paradójicamente, lo ayudó a hacerse notar.

Pasó tres años cubriendo esta fuente hasta que llegó la oportunidad de cubrir el Congreso. Para él, esta fuente era más sencilla:

—La mayoría odia a los diputados, mientras que en el Ejecutivo los directores quieren quedar bien con el presidente de turno. Eso genera tensiones en los medios.



Guatevisión y “Las Inolvidables”

Ben-Kei tiene una filosofía clara: no dejar pasar las oportunidades. Para obtener una plaza como reportero en Guatevisión, debía tener vehículo propio y saber conducir. No tenía ninguno de los dos, pero no fue algo que revelara a quienes le ofrecieron el trabajo.

Trabajar como periodista en los inicios de Guatevisión fue, para él, un ambiente ideal. Se sentía libre de seguir sus instintos periodísticos. Sin embargo, con el tiempo entendió que el modelo no era sostenible económicamente, algo que terminaría afectando su carrera.

Un 3 de mayo, un reportaje por el Día de la Santa Cruz dio paso a lo que sería el segmento de “Las Inolvidables”. No fue planeado; surgió porque ese viernes no había notas para publicar. El segmento gustó a una de las dueñas del canal, y comenzó a repetirse con más frecuencia. Incluso se convirtió en un programa semanal de 30 minutos durante cuatro años.

—Al principio querían ponerle de nombre “Los Chiltepes”.

La falta de liderazgo editorial en Guatevisión, sumada a decisiones erráticas, truncaron lo que prometía ser una carrera larga. Con tono melancólico, Ben-Kei recuerda:

—Yo me veía en Guatevisión durante los próximos 30 años.

Una fe sin rituales

Hoy en día, para Ben-Kei, la Biblia y la religión son interpretaciones. De forma seria y respetuosa, afirma que su fe va más allá de lo religioso, que se trata de una relación directa con Dios, al margen de los tabúes que impone la sociedad o las iglesias.

Durante la conversación, revela aspectos poco conocidos de la vida dentro del seminario: desde la represión de los deseos sexuales hasta la disciplina del rezo, que en la práctica era más fantasía que método de control.

—Todos en el seminario hubiésemos querido ser asexuales. Tengo amigos que son buenos sacerdotes, que simplemente pueden apagar el interruptor del deseo, y eso era de envidiar.

Factores personales, incluida su inmadurez, lo llevaron a alejarse del camino sacerdotal:

—Mi mayor miedo era que me juzgaran como yo los juzgaba a ellos. Después entendí que, hagas lo que hagas, la gente igual te va a juzgar.

La revelación del video

En 2017, un video de Ben-Kei en una discoteca gay, semidesnudo y rodeado de amigos, se filtró en Twitter —hoy X. Aunque su familia sospechaba de su orientación, no era tema de conversación. Para él, la orientación sexual debe ser un asunto privado, no algo que deba debatirse públicamente.

—No me gusta la iglesia ritualista y farisaica de grandes actos. Mis referentes son Óscar Arnulfo Romero y monseñor Gerardi. Me enseñaron que la Biblia se hace, no solo se dice.

Lejos de ser una tragedia, el video marcó un punto de liberación, aunque su propia espiritualidad lo hizo sentirse expuesto y juzgado.

Pasión por el periodismo

Han pasado casi dos horas desde el inicio de la entrevista. El capuchino y el frappé ya se han terminado. Decidimos ordenar algo más.

Ben-Kei buscó realización profesional en varios campos, pero fue el periodismo el que terminó por darle ese sentido de propósito. A través de él, logró canalizar ese deseo de justicia social que antes lo llevaba a soñar con el sacerdocio.

—El periodismo tiene limitaciones. Podés denunciar, pero el político no va a cambiar, mucho menos en un país donde no hay certeza de castigo.

Para “Bencho”, no basta con dar voz a quienes no la tienen: también hay que accionar para lograr cambios estructurales.

El presente y lo que viene



Honestidad y ética son los valores que sobresalen tras casi tres horas de conversación. Desde su salida de Guatevisión en 2020, Ben-Kei ha atravesado momentos difíciles. Inició proyectos digitales personales manteniendo siempre su línea crítica, de denuncia y oposición a la corrupción en Guatemala.

—No podés hacerte millonario dando noticias. El periodismo no es para eso. Fácil sería aceptar sobornos, pero entonces todo pierde sentido.

Reconoce que no todos los periodistas quieren ser periodistas, pero insiste en que lo inadmisible es perder la ética a través del engaño o la desinformación.

Ha atravesado situaciones económicas complejas —en algún momento solo percibió Q280 en un mes—, pero ha rechazado propuestas laborales que reconoce comprometerían sus principios.

Actualmente, “Bencho” está enfocado en hacer crecer su medio digital Por Favor No Se Enoje y Las Memorables. También ha decidido retomar sus estudios para convertirse en sacerdote, decisión influenciada por las circunstancias que vivió tras dejar la televisión, incluyendo el cuidado de su padre en su lecho de muerte.

El café está por cerrar y damos por concluida la entrevista, aunque la charla continúa mientras caminamos por las calles de Cuatro Grados Norte. Descubrimos que somos vecinos; nos separan solo cinco cuadras. Compartimos un Uber y acordamos hacer una nueva entrevista en algunos años, cuando tenga la oportunidad de conversar con el padre Carlos Ben-Kei Chin Díaz.

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