Escrita por Aldair Marroquin.
Amanecía sobre la ciudad de Guatemala un 12 de octubre de 2025 y el aire tenía ese aroma a fiesta que anuncia algo grande. Desde temprano, frente al imponente Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias, el bullicio de tambores, risas y saludos empezaba a llenar el espacio. Eran cientos, miles, de conviteros y conviteras que habían viajado desde distintos puntos del país para reunirse en la capital por primera vez. Sobre el pavimento brillaban los destellos de lentejuelas, los colores intensos de los trajes y los rostros cubiertos con máscaras que parecían cobrar vida.
Allí, en el punto de encuentro, la emoción era evidente. Los grupos se organizaban con sus mantas, sus instrumentos y su gente. Entre ellos destacaba el Convite Sociedad Femenina de San Juan Comalapa, uno de los más esperados por la fuerza simbólica de su presencia. Las integrantes, vestidas con una indumentaria maya de tonos blancos, rojos y azules, ajustaban los últimos detalles de su vestuario. Sobre sus cabezas, el característico sombrero rojo brillaba bajo los primeros rayos de sol.
Mientras se formaban las filas para el registro, el ambiente era de amistad. Se compartían historias, se intercambiaban bromas y se escuchaban las bocinas con música que marcaban el inicio de la jornada. Para muchas de ellas, era la primera vez que su comité pisaba la capital.
El desayuno que compartieron las integrantes del convite femenino fue rápido pero lleno de alegría. Entre risas y fotografías, se sentía la energía de un día histórico. Luego vino la foto del recuerdo, tomada frente al Teatro Nacional. Detrás de ellas, el majestuoso edificio parecía observar con complicidad a las mujeres que, con orgullo, representarían a sus comunidades en el Primer Encuentro Nacional de Conviteros, organizado por el Ministerio de Cultura y Deportes.
El inicio del recorrido
Eran alrededor de las 8:15 de la mañana cuando el sonido de las bocinas y los altavoces marcó la señal de salida. Desde la 18 calle de la zona 1, miles de conviteros iniciaron su marcha hacia la Plaza de la Constitución, un recorrido que prometía convertirse en un desfile de color, música y tradición. “El Ministerio de Cultura y Deportes organiza este gran encuentro nacional, es una fiesta de tradición que pretende reconocer y visibilizar todo lo que encierra los grupos de convites”, explicó Karen Contreras, directora de Participación Ciudadana del ministerio, mientras los primeros grupos se incorporaban a la Sexta Avenida. “Están casi 3,000 conviteros que iniciaron desde la 18 calle hacia la plaza central. Es una fiesta de baile, de color, de mucha danza y de muchas expresiones guatemaltecas”.
La jornada no solo representaba un desfile, era un encuentro de identidades. Desde Quiché, Baja Verapaz, San Marcos, Cobán y muchos otros departamentos, los conviteros habían llegado con un propósito común: mantener viva la tradición. “Muy interesante ya que permite que todos los conviteros nos podamos reencontrar, y lo interesante es que vienen varios grupos a la ciudad capital. Normalmente la capital tiene sus grupos, pero ahora vienen de diferentes lugares”, decía Selvin Lux, convitero que observaba con orgullo la diversidad del evento.
Al paso del Convite Sociedad Femenina de Comalapa, los aplausos no tardaron en aparecer. Las mujeres avanzaban al ritmo de la música, moviendo sus faldas bordadas con precisión y alegría. Las personas que observaban desde las banquetas se acercaban con curiosidad, algunos pedían fotografías y otros preguntaban de dónde venían. “Son de Comalapa”, respondía una voz entre el público, “las del sombrerito rojo”.
La Sexta Avenida: escenario de identidad
La Sexta Avenida, ese corredor histórico del Centro Cívico, se transformó en un gran escenario popular. A medida que los convites avanzaban, las bocinas retumbaban con las melodías de marimbas orquesta y música de convites. Cada grupo mostraba su personalidad, algunos llevaban máscaras tradicionales, otros trajes inspirados en personajes modernos de caricaturas y los más destacamos con indumentaria maya.
En medio de esa explosión cultural, un convitero con traje verde brillante y caparazón se abría paso entre la multitud. Era Raúl Solózarno, vestido como una de las Tortugas Ninja, quien entre risas comentó: “Los últimos meses el tema de los convites ha sido tendencia en las redes. La gente les ha estado dando seguimiento, pero hay que invitar a la población a que vayan a los diferentes departamentos donde es parte de nuestra tradición y cultura. En especial el departamento de Quiché, donde surgen y nacen los convites”.
Las palabras de Solózarno parecían cobrar sentido en cada paso del desfile. La Sexta era un mosaico viviente de la diversidad guatemalteca. Los convites del occidente traían consigo los ritmos de los pueblos mayas; los del norte, los colores del trópico; los del centro, la mezcla de modernidad y costumbre.
A las 11 de la mañana, a la altura del Calvario, el sol ya brillaba con fuerza, pero el cansancio no se notaba. Las risas, los bailes y el sonido incesante de la marimba mantenían viva la energía. Las integrantes del Convite Sociedad Femenina seguían bailando con la misma pasión del inicio. Los aplausos del público se multiplicaban y, entre las voces, se escuchaban expresiones de admiración. Algunos espectadores, sin poder resistirse, se unieron a bailar. Era imposible no contagiarse de esa alegría que recorría cada esquina.
Tradición y orgullo
En medio del recorrido, un grupo de niñas observaba con atención el paso de las conviteras. Sus ojos seguían los movimientos, los giros y los colores. “Algún día quiero bailar así”, decía una de ellas, apretando la mano de su madre. Y es que cada paso, cada gesto, transmitía una lección silenciosa de identidad y pertenencia.
La presencia femenina en los convites, históricamente dominados por hombres, fue uno de los rasgos más significativos del encuentro. Las integrantes de la Sociedad Femenina de Comalapa no solo danzaban; representaban la fuerza de las mujeres mayas que, desde sus comunidades, defienden su cultura a través del arte.
“Portamos nuestra indumentaria maya dando a conocernos como mujeres indígenas”, explicaba Amalí Tecún antes de comenzar el desfile. “La verdad, nuestro objetivo es darnos a conocer como pueblo, como municipio también”.
La llegada a la Plaza
Pasado el mediodía, el desfile comenzó a llegar a su destino. La Plaza de la Constitución se convirtió en un mar de colores. Frente al Palacio Nacional, las agrupaciones se organizaban para su presentación final. Desde los altavoces, se escuchaban los nombres de los comités participantes: Quetzaltenango, Cobán, Totonicapán, San Marcos, Comalapa, Chuarrancho, entre muchos otros.
El sol caía a plomo, pero nadie se detenía. La música seguía sonando y los conviteros, con el rostro sudado y el corazón encendido, seguían bailando. “Emocionados, contentos, de verdad qué bonita experiencia estamos viviendo desde la salida hasta el día de hoy”, dijo Jairo Coy, proveniente de Cobán, con una sonrisa amplia mientras se limpiaba el sudor con un pañuelo.
A pocos metros se encontraba Guillermo Gómez, del convite de Tajumulco, San Marcos, resumía en pocas palabras lo que sentían muchos: “Nos sentimos felices, agradecidos por la invitación”.
Entonces, las bocinas anunciaron el momento más esperado. Sonaron los primeros acordes de Fiestas Elenas, interpretada por Checha y su India Maya, una de las melodías más representativas para los conviteros. La plaza entera se encendió. Cada grupo comenzó a bailar al unísono, como si las fronteras entre departamentos y culturas se disolvieran en un mismo compás.
El Convite Sociedad Femenina de Comalapa volvió a destacar. Sus integrantes movían sus faldas al ritmo de la música, con sonrisas que hablaban de orgullo y resistencia. A su alrededor, las cámaras de distintos medios captaban cada movimiento. “Que chulas las del sombrerito rojo”, gritó un espectador. Y todos voltearon a verlas, conscientes de que presenciaban algo más que una danza: era la representación viva de una historia que se niega a desaparecer.
El reconocimiento
Con el sol comenzando a descender, las autoridades del Ministerio de Cultura y Deportes tomaron la palabra desde el escenario principal. La viceministra de Patrimonio Cultural y Natural, Laura Cotí Lux, pronunció un mensaje que resumía el espíritu del evento: “Los conviteros transforman las calles en escenarios donde converge la música, la danza, el diseño, la creatividad, la sátira y la historia. Ustedes son portadores de tradiciones y guardianes de nuestra fiesta. Hoy representan las costumbres que engalanan a Guatemala”.
Abajo, entre los conviteros, estaba la Primera Dama, Lucrecia Peinado, se dirigió al público con un micrófono en mano: “Felicitaciones por acceder a este primer llamado del Ministerio de Cultura, por su apoyo en estos seis meses de trabajo. El reto es apoyarles a continuar haciendo esta reunión anual de convites a nivel nacional y regional”.
Los aplausos resonaron con fuerza. El momento se volvió solemne cuando todos los representantes de cada convite recibió en el escenario un reconocimiento por su participación. Las representantes del Convite Sociedad Femenina con los ojos brillantes y el traje aún empapado de sudor, alzaron el diploma con orgullo.
La música volvió a sonar. La danza continuó, como si el día no quisiera terminar. Los conviteros se mezclaron entre el público, las máscaras volvieron a guardar silencio y el eco de los aplausos quedó suspendido entre las columnas del Palacio Nacional.
Una tradición que renace
Cuando el desfile terminó, a eso de la 1 a 2 de la tarde, la Sexta Avenida y la Plaza de la Constitución quedaron cubiertas de confeti, papeles de colores y los rastros del baile. Los músicos guardaban sus instrumentos y los grupos se tomaban las últimas fotografías antes de regresar a sus municipios. Pero lo que quedaba era más que una celebración, era una reafirmación cultural.
Guatemala, un país diverso y lleno de contrastes, había sido testigo de cómo la tradición puede unir lo que la distancia y el tiempo separan. Desde las montañas de Quiché hasta las calles del Centro Histórico, los conviteros llevaron consigo un mensaje de identidad y resistencia.
“Fue un momento mágico donde la danza se convirtió en lenguaje y la cultura en motivo de orgullo compartido”, coincidían varios asistentes. Para el Convite Sociedad Femenina de Comalapa, la jornada representó mucho más que un recorrido. Fue la oportunidad de mostrar que las mujeres también son guardianas de la memoria, que su danza no solo entretiene, sino que transmite la historia de un pueblo entero.
Al final del día, cuando el sol se ocultaba tras el Palacio Nacional, aún se escuchaban a lo lejos los ecos de la marimba. Y aunque el desfile había concluido, algo quedaba encendido en el corazón de quienes participaron: la promesa de volver, de seguir bailando, de mantener viva la tradición que une a Guatemala.
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