En Guatemala, la situación de calle afecta a diversos grupos de la población, entre ellos
hombres, mujeres, adolescentes y niños. Este fenómeno se agrava durante los meses de
noviembre y diciembre, cuando las bajas temperaturas aumentan el riesgo de enfermedades y
complicaciones para quienes viven sin un lugar fijo donde resguardarse.
De acuerdo con especialistas, la pérdida de vivienda y empleo, así como las dificultades
económicas y familiares, son factores que influyen directamente en que una persona llegue a
esta condición. La psicóloga Velvet Marroquín señala que las causas pueden ser múltiples y
que, en muchos casos, están relacionadas con experiencias personales o situaciones
emocionales complejas.
“Pueden ser muchísimos factores, como los problemas familiares, los trastornos de
personalidad, el alcoholismo o dificultades durante la infancia que llevan a una persona
a vivir de esta forma”, explicó Marroquín.
Uno de los casos más representativos es el de Marco Tulio, un hombre de 74 años que desde
hace aproximadamente dos décadas habita en la entrada de una vivienda en construcción que
fue abandonada. Según relató, tras separarse de su familia comenzó a consumir alcohol y
perdió su empleo. Actualmente, obtiene ingresos mediante la venta de juguetes, ropa y latas
que recolecta en las calles. En ocasiones recibe alimentos de personas que transitan por el
área, pero cuando esto no ocurre, pasa el día sin comer.
La situación que enfrenta Marco Tulio es similar a la de muchas personas que dependen de
trabajos informales o de la ayuda voluntaria para subsistir. Además de los problemas
económicos, las condiciones de salud física y mental suelen ser precarias debido a la falta de
atención médica constante.
En el país existen distintas organizaciones que brindan apoyo a las personas en situación de
calle. Algunas de ellas son la Fundación REMAR, la Asociación Casa del Alfarero, la
Fundación RIE, el Centro de Atención Integral para la Niñez y Adolescencia en Riesgo
(CAINAR) y la Fundación Manos Abiertas.
Estas instituciones ofrecen programas enfocados en la asistencia básica, como vivienda
temporal, alimentación, atención médica, rehabilitación y capacitación laboral.
Además, la Municipalidad de Guatemala implementa albergues temporales en temporadas de
frío o emergencia, con el objetivo de ofrecer resguardo y servicios básicos a quienes no
cuentan con vivienda.
Uno de los casos que reflejan la reintegración social es el de Daniel Rodríguez, quien vivió
en situación de calle durante varios años. Rodríguez señaló que ingresó a un centro de apoyo
en donde recibió atención psicológica, alimentación y vivienda temporal. Posteriormente
inició un proceso de rehabilitación y reinserción laboral.
“Hace seis años llegué a un centro de apoyo que me brindó ayuda con vivienda, comida
y terapia. Empecé vendiendo zapatos y logré terminar la primaria. Actualmente trabajo
como mesero”, indicó Rodríguez.
Las instituciones que atienden a esta población destacan que la recuperación e inserción
social requieren tiempo y acompañamiento constante, además de la coordinación entre
distintas entidades públicas y privadas.
La atención a las personas en situación de calle incluye no solo la asistencia inmediata, sino
también la creación de programas sostenibles que faciliten su integración al ámbito laboral,
educativo y social.
De acuerdo con organizaciones dedicadas al tema, los principales desafíos para la
reintegración son el acceso limitado a la educación, la falta de documentos personales, las
adicciones y la carencia de redes de apoyo. A pesar de ello, los centros de atención continúan
desarrollando proyectos enfocados en la capacitación, la salud y la inclusión social, con el
propósito de mejorar las condiciones de vida de esta población.
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