Stanley Gardiner, director deportivo de Futeca:

 

“Las mujeres ya demostraron su talento; ahora les toca a las autoridades darles el lugar que merecen”

Stanley Robert Gardiner Walton es una de las voces más respetadas dentro del fútbol guatemalteco. Exjugador profesional y exentrenador de la selección mayor femenina, ha recorrido desde dentro las distintas etapas del deporte: la cancha, el banquillo y, más recientemente, la dirección deportiva. Hoy lidera Futeca, una de las academias privadas más reconocidas del país, donde impulsa programas de formación para niños, niñas y jóvenes.

Desde esa posición, Gardiner ha sido testigo de las desigualdades que atraviesa el fútbol nacional, especialmente las que enfrentan las mujeres para acceder a los mismos espacios, recursos y reconocimiento que su contraparte masculina. Con una mirada crítica y a la vez esperanzadora, el técnico reflexiona sobre los desafíos del fútbol femenino, la falta de apoyo institucional y la urgencia de transformar las estructuras que, hasta hoy, mantienen en desventaja a las deportistas guatemaltecas.

—¿Cómo describiría la situación actual del fútbol femenino en Guatemala?

R: Diría que es un proyecto en construcción, con mucho talento, pero con poco respaldo. A las jugadoras les cuesta el doble abrirse paso, porque todavía se percibe el fútbol como un espacio exclusivamente masculino. Ese estigma no solo limita la participación, también reduce la visibilidad y la inversión.

—¿Qué tipo de barreras enfrentan las mujeres desde sus primeros pasos en este deporte?

R: El acceso es el primer obstáculo. La mayoría de programas están enfocados en niños y los espacios para niñas son reducidos. Además, muchos padres siguen creyendo que el fútbol “no es para ellas”. Eso hace que muchas niñas con talento ni siquiera comiencen a entrenar.

—¿Cómo influye la situación económica en esa desigualdad?

R: Influye muchísimo. En un país donde más de la mitad de la población vive en pobreza, las oportunidades son mínimas. Las academias privadas son costosas y los clubes, incluso los de liga nacional, tienen dificultades para ofrecer condiciones laborales estables. Muchas jugadoras terminan abandonando para dedicarse a trabajar o estudiar.

—¿Y en el ámbito profesional? ¿Existen oportunidades reales para las futbolistas?

R: Son muy limitadas. Pocas ligas tienen continuidad, los salarios son bajos y no hay contratos formales. Las mujeres siguen jugando por pasión, no por una carrera sostenible. Eso debería cambiar si queremos ver una selección nacional femenina competitiva.

—¿Qué papel tienen las instituciones en este problema?

R: Un papel clave. La falta de planificación y de transparencia impide avanzar. La corrupción y la mala gestión de recursos han frenado proyectos que pudieron impulsar el fútbol femenino. Si no se invierte en entrenadores, en ligas menores y en programas de base, nada cambia.

—¿Qué medidas considera urgentes para lograr un cambio real?

R: Primero, educación: romper el cliché de que este deporte es solo para hombres. Luego, crear programas de masificación para niñas desde los cinco años, con entrenadores capacitados y seguimiento constante. Y, sobre todo, garantizar igualdad de condiciones en las instituciones deportivas. Las mujeres ya demostraron su talento; ahora les toca a las autoridades darles el lugar que merecen.

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